
Al igual que en las reuniones de ñuñu decidimos crear un espacio para que las mamás puedan contar
a otras sus experiencias.
Para ello te pedimos que nos envíes tu testimonio ya que
seguramente le será de mucha utilidad al resto de las mamás.
E scribinos a amamantar@yahoo.com
Testimonio 1:
Amamantamiento Prolongado
Testimonio 2: Amamantamiento y
Crianza
Testimonio 3: Relactación
Testimonio 4: Amamantamiento y
Trabajo
Testimonio 5: Amamantamiento y
Trabajo

Testimonio 1:
Francisco tiene casi tres años y toma la teta.
Juega, va al jardín de infantes, pelea con sus hermanos y
toma la teta.
Visita a sus abuelos, mira la tele, habla, se cae, se
lastima y toma la teta.
Canta, dejó los pañales, cuenta hasta 20, sabe los
colores, se encapricha, duerme solo y toma la teta.
Toma la teta parado, acostado, arrodillado y a veces hasta
mientras habla y otras veces nos quedamos los dos redormidos.
Y no hay mucho más para decir excepto que no tiene
alergias y se enferma muy poco.
¿Hasta cuando? preguntan algunos (otros ya no se atreven
ni a preguntar) Yo pongo cara de distraída y lo abrazo contra mi pecho, esa respuesta nos
pertenecen solo a él y a mí.
Violeta Varela, mamá de Lila, Joaquín
y Francisco
(todos amamantados en forma prolongada)
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Testimonio 2:
Tuve la suerte de encontrar a ñuñu cuando estaba embarazada de
seis meses de Nahuel, mi primer hijo, y aunque iba a las reuniones de parto, también me
enamoré de las reuniones de crianza y lo que escuchaba de las mamás lo veía en los
bebés, eso era muy fuerte y se me grabó, a pesar de no poder memorizar las sugerencias,
a fuerza de repetición fui aprendiendo lo que luego me iba a servir de mucho.
El parto de Nahuel fue maravilloso y su
amamantamiento fabuloso, yo trabajaba pero los viernes a la tarde cuando nos reuníamos
recargaba energías que no me daban en ningún otro lado para criar a mi hijo con toda la
buena predisposición y la convicción humilde pero firme de que yo podía darle lo mejor,
y se puso hermoso como todos los bebés que había visto allí.
A los 20 meses de Nahuel tuve que hacer unas horas extras un fin
de semana y estuvo bastante tiempo sin mamar pero feliz y contento jugando en el patio de
los primos. Pero yo ovulé y apareció Ailín, quien nació cuando Nahuel tenía 2 años y
4 meses y aún le faltaban unos meses de brazos y atención.
Durante todo el embarazo había tomado pecho a libre demanda y no
daba señales de dejarlo.
El parto de Ailín fue otra maravilla, la tuve a la madrugada y al
mediodía lo llevamos a Nahuel al jardín todos juntos, ella el papá y yo, como todos los
días entró a su salita pero mostró esta vez a su nueva hermanita que no le había
traído ningún trastorno, solo verla sobre la cama, medio confundido pero supermimado por
nosotros.
Uno no sabe como pero puede multiplicar todo, cariño, besos,
brazos, charlar y así es que menos cuando estaba en el jardín, 3 horas, Nahuel seguía
tomando pecho, pero ahora con una invitada en el otro seno.
Los primeros días tuve calostro para ella perfectamente, se la
veía crecer a diario y tomaba naturalmente que el hermano compartiera el pecho con ella.
Las críticas que recibía eran incesantes pero las podía apartar
por la fuerza que recibía en ñuñu, en el embarazo que perjudicaría al bebé en su
desarrollo y que el que estaba afuera se iba a enfermar, montones de cosas como que el
primero no caminaría o el segundo se empacharía, y otras, después del nacimiento que
Nahuel le robaba leche a Ailín, lo que yo sentía que era absurdo, los dos me provocaban
bajada de leche, cada uno a su medida, yo sentía que la chiquita me hacía fabricar más
cantidad pero la succión de Nahuel era muy diferente, más suave y específica.
Los dos se ponían cada vez más lindos y sanos, nosotros los
padres más contentos y satisfechos.
Lo único que puso una sombra en mi proceder fue que alguien me
dijo: "Vos no querés dejarlo crecer" y para ver si era algo egoísta de mi
parte averigue en el jardín y me dijeron que era el más independiente, el que más
participaba en cualquier actividad que se le proponía, hasta se relacionaba con otros,
cosa a su edad difícil. En casa se da mucho con el padre al punto de creer que el Edipo
lo tiene con él, lo que no me hace mella pues es muy cariñoso conmigo, me abraza me
besa, me regala cosas que inventa a cada rato: hojas secas transformadas, objetos de
papel, dibujos, todo lo recicla con amor para mi, hasta las mamás de sus compañeritas me
lo piden para jugar pues es divertido pero tranquilo, y demuestra mucho afecto.
¿Dónde está entonces la barrera que le pongo para no crecer,
no, eso no tiene fundamento real.
En ñuñu comprendí que la angustia estaba en mí por los otros,
no por mi hijo, así que me tranquilicé y lo dejé tomar el pecho el tiempo que él
dispusiera, de todas manera eran solo dos, hay mamás que han amamantado a trillizos.
Nahuel tenía más de tres años y se entretenía también con
otras cosas para tomar que él mismo me pedía y entonces empezó a decirme así: "Un
poquito de teta y ya está" cambiando la frase anterior: "y yo de la otra"
Recuerdo haber ido a un seminario y tenerlos calmados a los dos
bajo mi buzo (y arriba chaleco, prenda utilísima para amamantar.
Eso era grandioso, pues si con uno hay calor humano, imagínense
con dos.
Nahuel tomó pecho hasta los 3 años y medio y lo dejó
progresivamente.
Ailín solo llegó hasta los 3 años y cuando nació su hermana
Calén no quiso seguir.
Esta última tiene 2 años y 10 meses y sigue a pecho libre
demanda, empezó el jardín, y yo estoy embarazada de 7 meses, cuando nazca mi cuarto hijo
Calén decidirá si sigue o no como le apetezca.
Aclaro que luego de 9 años con cuatro embarazos y 8 años de
amamantamiento ininterrumpido yo estoy muy bien de salud, atareadísima pero contenta. Me
ofrezco hasta cuando quieran pues comprobé que dejan solos, sin conflictos ni
consecuencias cuando están satisfechos y yo me siento muy plena de haberme dado entera a
todos y no repartida, y si bien lo hice sin esperar nada de ellos, siempre devuelven con
amor, aún cuando una se equivoque a veces, los tiene siempre de vuelta abrazados a una y
eso es maravilloso.
Ana María Corres, mamá de
Nahuel, Ailín, Calén y Cela
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Testimonio 3:
Mi bebe nació con 2,800 Kg. A los 3 días pesaba 100 gramos menos y en
unos días más llegó a los 2,600 Kg.
La desesperación de algunos
pediatras se sumó a mis desconocimientos sobre temas relacionados con la lactancia
materna, de los que debí informarme adecuadamente durante el embarazo.
-"SU LECHE NO SIRVE, hay que
darle MAMADERA...", dijeron...
Algo en mí dijo NO y
decidí acercarme a ñuñu.
Allí aprendí todo lo relacionado con la
lactancia y gracias a la ayuda del relactador y el acompañamiento de mi pediatra (que
conoce su trabajo) pude resolver los conflictos del amamantamiento.
Soy mamá biológica, lo aclaro para
comentarles que el relactador tiene la misma función en una mamá biológica que en una
adoptiva, reafirmando el hecho de que amamantar no tiene relación directa con el
embarazo.
Mi bebe recuperó su peso.
A los 9 meses estaba gordísimo y
eso que hasta ese entonces solamente le había dado pecho. Nunca se
enfermó.
Yo, como mujer, recuperé mi
derecho y privilegio de AMAMANTAR.
INFORMATE!!!!
Te cuento que el relactador es fácil de
usar.
Tiene una sonda conectada a una tetina
que se coloca sobre el pezón permitiendo el paso de la leche de vaca. Tu bebé se
alimenta y al mismo tiempo estimula tus mamas.
La reacción de tus mamas al estímulo de
succión depende de tu voluntad y algo de paciencia, claro está, hasta que comiences a
producir tu leche.
Recuerda siempre que tu leche es todo lo
que tu bebé necesita.
Liliana Mazzini, mamá
de Georgina y Alberto
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Testimonio 4:
Sentí que el tiempo había pasado antes de lo
previsto, más rápido que lo normal. Mi hija ya había nacido y su amamantamiento estaba
siendo bárbaro. Pero el paso de los meses me indicó que había llegado el momento de
reintegrarme a mis actividades.
Tuve la convicción de que no había ningún
impedimento para que Micol siguiera tomando mi leche cuando yo me ausentara, y sabía que
su papá (como cualquier persona que estuviera a su cuidado), le podía dar de a
cucharaditas la leche que yo misma había extraído de mis pechos. El primer día fue
especial para los tres. Ni hablar para mi marido, lógicamente mucho más nervioso y
expectante que nuestra hija, que dormía como siempre cuando yo regresé.
Muchas veces me resultaba a la mañana el mejor
momento para sacarme la leche, más aún cuando mi beba había dormido algunas horas
seguidas y yo sentía mis pechos duros y cargados. Pero cualquier momento es propicio para
juntar la leche y también me daba muy buen resultado cuando mi hija mamaba. En ese
momento yo sostenía un recipiente debajo del otro pecho y me estimulaba con los dedos de
arriba hacia el pezón para que saliera.
A veces juntaba más, otras poquita. Pero Micol ya
tenía su alimento para el día siguiente. Esto me daba tranquilidad a mi, como a quien la
cuidara.
Como la leche materna se conserva de 6 a 8 meses en
el freezer, una tiene la ventaja de comenzar a juntar ni bien nace el bebé y así tener
la tranquilidad de contar con ésta reserva, por si un día no se pudo juntar lo
suficiente: TU PROPIO BANCO DE LECHE EN TU HOGAR.
En todo momento llevaba un recipiente con tapa para
juntar la leche cuando estaba fuera de casa. La presencia del vínculo, y la voluntad son
fundamentales. Son infinitas las anécdotas de mamás que con solo pensar en su hijo
sentían que comenzaban a salir gotitas de sus pechos. Incluso al mirar una foto de su
bebé para tenerlo más presente aún, ayuda mucho.
El tiempo siguió pasando tan rápido para mi, que
Micol ya estaba por cumplir un año. Un día volví a casa y no había querido tomar mi
leche. Prefirió esperarme. Eso si, en cuanto me vio quiso su tetita y se puso al día, ya
no hacía falta dejarle mi leche, así que la que tenía congelada la usé para hacerle
postrecitos y bizcochuelo.
Esa etapa había pasado, y ahora, con un año y ocho
meses, sabe que la teta siempre está. La toma recién producida y en su envase de origen:
el pecho. Ni más ni menos.
Lily Müller de Massucco,
mamá de Micol
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Testimonio 5:
Ya Nahuel tiene 4 años y es el día de hoy, que me
acuerdo de las noches, y mañanas antes de ir a la facultad, que le preparaba la mamadera
con mi leche, para las 7 horas que pasaba en la guardería. La primera vez que me decían
en la reunión de ñuñu, que sí se podía, que no me preocupara, que iba a llenar las
mamaderas, que se podía, yo interiormente creía que no tenía tanta leche, que no me iba
a alcanzar. Pero si, hasta que no empezás no te das cuenta de lo que es.
Yo llegaba de la facultad y aprovechaba que tenía
los pechos llenos, de las 7 horas de no amamantar, mientras Nahuel tomaba de un pecho, me
ponía en la otra teta la mamadera y me salía la leche sola.
Después de las primeras semanas era como si mi
cuerpo supiera la hora en que me sacaba leche y las llenaba en un rato.
A los meses de juntar leche creí que no podía más,
que estaba cansada y que si otro chico tomaba cualquier leche, el mío también, pero en
ese momento se me ocurrió llamar a una mamá de ñuñu, Anita y me dio la fuerza que se
me había ido, y seguí 8 meses más juntando leche, 8 meses más, hasta que Nahuel había
incorporado las frutas y la cantidad de leche se redujo.
Hoy no me arrepiento, y estoy orgullosa de la fuerza
que tuve. La gratificación que siento al ver a Nahuel tan crecido y que por él lo haría
las veces que fuese necesario.
¡Pero esto se hace una sola vez por cada hijo, en su
vida!
Bettina Pla, mamá de
Nahuel
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